Si bien el sistema es el tradicional empleado por los falsificadores, la novedad estriba esta vez en que las víctimas han sido las comunidades de religiosas que nutren sus escuálidas arcas con los ingresos que obtienen mediante la venta de dulces.
El caso es que la Policía ya ha logrado dar con los falsificadores, después de más de un mes de investigación y una vez que las propias monjas tuvieron que pertrecharse de un detector de billetes falsos para evitar nuevos engaños por parte de quienes para ellas eran unos auténticos desconocidos, pues el torno les impedía verlos y así poderlos identificar. Los autores de la estafa han resultado ser Manuel R.C., con una detención anterior, y Julio R.S., que es menor de edad.
Ambos actuaban de manera coordinada y, mientras uno de ellos se quedaba en el exterior del convento para alertar de cualquier movimiento sospechoso, el otro hacía la compra y «colocaba» el billete falso. El plan les resultaba tan rentable que los falsificadores llegaron a actuar tres veces en un mismo convento.
La última vez, sin embargo, la treta les falló, pues las monjas estaban alertadas y la tornera hizo esperar al «comprador» diciéndole que iba a por cambio, cuando lo que en realidad hizo fue llamar a un número de teléfono que previamente le había facilitado la Policía.







